Un antes y un después


Desde luego una enfermedad, cualquier enfermedad, cambia la vida de quien la padece.
El párkinson supone no sólo un cambio de vida en el sentido estricto de la palabra sino un cambio de prioridades, enfoques y sobre todo es una carrera contrarreloj.

Me llamo Rosa y tengo 61 años. Me diagnosticaron hace 7 años aunque los primeros síntomas se habían empezado a dejar sentir dos años antes, en 2013.

Desde el momento en que empecé a admitir que el párkinson estaba conmigo y no me iba a dejar, mi lucha por seguir adelante ha cobrado una nueva dimensión. Por un lado dejar de trabajar. Al principio resultó algo doloroso pero ahora sé que gracias a ello puedo centrar mis esfuerzos en mí misma y que eso es lo que me permite seguir adelante.

Muchas cosas cambiaron en mi vida. Algunas pertenecen a los cambios vitales que cualquier mujer puede tener en su vida (independencia de los hijos, menopausia…). Otras, dolorosas, me han permitido descubrir lo que los demás esperan de mí y lo que yo puedo esperar de ellos. Las adversidades nos permiten saber con quienes podemos contar en la vida.

Junto a las decepciones de quienes no quisieron entenderme (como dice el título de una comedia española «Gente que viene y… bah!»), me he encontrado afortunadamente con otras personas que de alguna manera se han introducido en mi vida y me arropan y proporcionan el apoyo necesario para poder avanzar (Gracias a Marta, Esther, Zuly, Merche, Myriam…y a otras muchas amigas).

Y por supuesto conocer a mujeres que pasan por un proceso similar ha sido y es reconfortante porque sirve de apoyo para entender lo que nos sucede y poder unir esfuerzos. (Gracias a con P de Párkinson, en especial a Paqui).

Lo que más agradezco en estos momentos es que me comprendan, que se den cuenta de que muchas veces no soy yo sino esta P quién no me deja hacer las cosas con la rapidez que quisiera, que necesito más tiempo que antes, que no permite que mi voz sea más fuerte, …

El ejercicio físico ha hecho que mi cuerpo se siga sintiendo ágil y algo fuerte. En el gimnasio al que actualmente acudo nadie sabe que tengo Párkinson, a excepción de mi marido que no siempre va a las mismas actividades que yo. No me avergüenzo ni pretendo aparentar lo que no soy, pero no soporto que me traten con lástima. La música es fundamental para facilitarme el movimiento así que las sesiones que la incluyen me motivan especialmente.

La semana pasada estuve haciendo senderismo con un grupo de amigos. Era un reto para mí porque no sabía si podría realizar todas las marchas como los demás. La compañía ayudó mucho y me he sentido satisfecha. Una de mis amigas me comentó que leer lo que yo había escrito sobre mi enfermedad le ha permitido conocer aspectos de ella que desconocía. Eso me hizo darme cuenta del enorme reto que supone escribir en este blog. Visibilizar el Párkinson es importantísimo.

Quizás algún día consigamos que nuestras voces, todas juntas, sean escuchadas y tenidas en cuenta para que esta lucha diaria no sea infructuosa y consigamos, algún día frenar para siempre esta enfermedad.

Gracias a todas las que estáis ahí, escuchando, hablando y compartiendo.

Rosa Blazquez

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